La bioseguridad en el tatuaje, cuando se habla del artista, no empieza en la máquina ni en la aguja, empieza en la responsabilidad personal. El tatuador es una persona expuesta constantemente a sangre y fluidos corporales, y eso lo convierte en un trabajador con riesgo biológico real. Esto implica que su cuerpo, sus hábitos y su estado de salud hacen parte directa del procedimiento.
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